martes, 16 de octubre de 2012

Ambergris March



El niño despierta esa noche de verano.
Como muchas otras.
Un viaje al baño es anunciado con un estruendo en su estomago.

Un viaje a la cocina es pronunciado por su garganta seca.
Derrama leche sobre el suelo.
Cuando se aproxima al fregadero para alcanzar un trapo se da cuenta de una tragedia.
No llega.

Va por una silla.
Se convierte en un gigante y por un segundo se ríe de su futuro.
Agarra el trapo y mira por la ventana.

Ve sombras moviéndose en el jardín.
Frota sus ojos para que desaparezcan.
Pero cuando vuelve a mirar siguen ahí.
Una nube se quita de arriba de la luna.
Mostrando con todo el fulgor el momento.

Dos espectros.
Peleando una pelea sin final.
Vestidos como Boxeadores.

El niño mira la pelea confundido y aturdido.
Un negro y un blanco peleando desde el mas allá.
Los golpes van y vienen.
El juego de piernas es asombroso.

La pelea del siglo.
Con un solo espectador.
Sorprendido y aterrado.

Una nube viajera tapa el paisaje.
Las sombras se desvanecen.
Para nunca mas volver.

El niño queda quito, inmóvil, pensando.
Todas las ideas están atrapadas en la puerta.
Ninguna puede pasar.
Ninguna es empujada.

Agarra su trapo.
Limpia la leche.
Acomoda la silla.

Vuelve a su cama.
Esa noche de verano no durmió.
Ni volvió a la cocina de noche.

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