El niño
despierta esa noche de verano.
Como muchas
otras.
Un viaje al
baño es anunciado con un estruendo en su estomago.
Un viaje a
la cocina es pronunciado por su garganta seca.
Derrama
leche sobre el suelo.
Cuando se
aproxima al fregadero para alcanzar un trapo se da cuenta de una tragedia.
No llega.
Va por una
silla.
Se
convierte en un gigante y por un segundo se ríe de su futuro.
Agarra el
trapo y mira por la ventana.
Ve sombras
moviéndose en el jardín.
Frota sus
ojos para que desaparezcan.
Pero cuando
vuelve a mirar siguen ahí.
Una nube se
quita de arriba de la luna.
Mostrando
con todo el fulgor el momento.
Dos
espectros.
Peleando
una pelea sin final.
Vestidos
como Boxeadores.
El niño
mira la pelea confundido y aturdido.
Un negro y
un blanco peleando desde el mas allá.
Los golpes
van y vienen.
El juego de
piernas es asombroso.
La pelea
del siglo.
Con un solo
espectador.
Sorprendido
y aterrado.
Una nube
viajera tapa el paisaje.
Las sombras
se desvanecen.
Para nunca
mas volver.
El niño
queda quito, inmóvil, pensando.
Todas las
ideas están atrapadas en la puerta.
Ninguna
puede pasar.
Ninguna es
empujada.
Agarra su
trapo.
Limpia la
leche.
Acomoda la
silla.
Vuelve a su
cama.
Esa noche
de verano no durmió.
Ni volvió a
la cocina de noche.
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